Sábado, 29 Octubre 2016 21:53

Víctimas, culpables y verdugos: un caso de violencia de género

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Viernes por la mañana nos despertamos con la noticia de una joven desaparecida desde el miércoles, en la provincia de Valencia. Otra desaparición más, no es la primera ni tampoco va a ser la última. Hace un mes el coordinador de la fundación “SOS desaparecidos”, daba a conocer unas cifras bastante escalofriantes, 1600 casos de desapariciones en lo que llevábamos de año. Unas 6 desapariciones cada día en España.

Me toca la desaparición de Vanessa Ferrer de 15 años de edad, una chica de “la meua terreta”. Mis amig@s cercan@s a la localidad de Chella se hacen eco de esta desaparición y las redes sociales se llena de titulares y fotos de la joven. La gente está conmovida. Todos los dispositivos están en marcha buscando a la joven en su pueblo y en todos los alrededores. Cada pista es decisiva para saber que es lo que le ha podido ocurrir a Vanessa. Desde el miércoles por la noche que había ido con unos amigos al cine a una localidad cercana, ya no se sabía nada de ella. Esa noche ya no durmió en casa, y la madre, el jueves por la tarde denunció su desaparición. 

Cerca del mediodía, un grupo de compis de la ONG “Psicólogas y psicólogos sin fronteras” se desplazan a la población para dar apoyo psicológico. Recibo una llamada en la que me activan en modo emergencia por si necesitan más ayuda o para relevar a alguna compi. En estos momentos se conoce la noticia: el cadáver de Vanessa ha aparecido.

Fuertemente me palpita el corazón.... si finalmente voy, ¿qué me voy a encontrar? ¿Cómo va a ser la situación? ¿Cómo contener con firmeza tantas emociones? Nunca pensé que a lo largo de mi vida profesional pudiera encontrarme en tal situación. Pienso en cada habitante de Chella, cada amiga/o de Vanessa, cada miembro de su familia...Pienso también en el trabajazo que les espera a mis compis...Las lágrimas de agolpan en mis ojos. La vida de Vanessa acabada, destrozada, rota, un pueblo en luto, un hecho que nos marca a tod@s, la piel de gallina. 

¿Cuántas muertes vamos a vivir? ¿Cuántos más asesinos van a caber en esta sociedad? ¿Hasta cuándo? ¿Dónde está la dignidad humana? Impotencia, rabia, frustración, dolor, enfado...Mis pensamientos un mosaico roto y mis emociones....un saco de basura.

Me identifico con Vanessa, como mujer he vivido desde pequeños micromachismos hasta grandes machismos. Me he sentido en varios momentos, tanto en mi adolescencia como en mi adultez, acosada por varios hombres, y he pasado por experiencias que me han dado mucho miedo. Si, podría haber sido una de ellas, podría haber sido Vanessa, y mi familia su familia. 

Por la noche, el presunto homicida hace una llamada de 5 minutos a su respectiva familia, confiesa el crimen a su padre. Palabras de su padre que da a conocer a un conocido periódico: “Ha sido él. Me lo ha dicho. Estamos destrozados. Nunca piensas que tu hijo pueda matar a alguien”.

¿Imagináis que un familiar vuestro, amigo, conocido, compañero...pueda matar a alguien? No pude evitar ponerme en el lugar de ese padre y de esa madre. Si fuera mi hijo ¿lo odiaría? ¿Se puede odiar a un hijo aunque este sea un asesino? ¿Podría seguir viviendo con la culpa, la vergüenza, la humillación que estaría sintiendo? ¿Podría seguir viviendo en el pueblo? ¿Podría mirar a los padres de la víctima? ¿y ellos a mi? La vida de esta familia también está destrozada. 

Detrás de cada asesinato, de cada maltrato, de cada violación, hay miles de vidas rotas. NUNCA NINGUNA MUERTE, AGRESIÓN, VIOLACIÓN PUEDE SER JUSTIFICADA. 

 

Víctimas somos tod@s. Cada asesinato es un fracaso personal y social 

 

*Mis condolencias a toda la família, amigas/os, conocidas y conocidos de Vanessa, y a toda la población en general.

* #niunamas #nomasviolenciadegenero #nosqueremosvivas #quierovivirsinmiedo #nomasmuertes

Read 895 times Last modified on Lunes, 31 Octubre 2016 09:57

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