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Queridas Mías y Anas.....

(o noquerida sociedad....o querida asociedad)

Son muchos años los que vamos de la mano...cuanto más me acerco a vosotras, más me alejo de mi misma. No tengo nada en contra de vosotras, ni quiero hacer de este texto un moralismo. En principio, la única forma de estar en paz conmigo misma y con mi cuerpo es ser Ana. Aparentemente, me resulta más fácil. Como por arte de magia, si dejo de comer, mi cuerpo tiene una silueta tal y como me exige la sociedad, o como me exigo yo misma. Ando por la calle y me siento muy bien, me puedo ver en los espejos, puedo entrar a Zara y no pelearme con las tallas de los pantalones, pero lo paso fatal de hambre. Es ver esas empanadillas, esos donuts, esas cookies, esos batitos, los helados...saco toda la fuerza y toda la valentía que hay en mi, y os aseguro que no es poca, para evitar comer. Uso las mil y una técnicas, el chicle, el caramelo, obviamente todo sin azúcar....y, cómo mucho, me como una manzana.                                                                                 

Mía no puedo serlo, no soy tan fuerte ni tan valiente como vosotras. Me da ansiedad sólo experimentar las arcadas. Sé que a vosotras al principio también os pasaba y, ahora, lo hacéis con mucha facilidad! Hasta en la ducha sin ningún esfuerzo!! Yo no he sido capaz de aprender a hacerlo así, y una lástima porque podría comer mucho más de lo que como...

El diario de una ruptura

 

Cuando viene una ruptura emocional a nuestra vida podemos sentir que se acaba el mundo, que nunca más vamos a volver a ser felices, que no nos va a desear ya nadie más. Con la ruptura viene una serie de síntomas como autoestima más baja, pensamientos negativos recurrentes, emociones de dolor y sufrimiento que las sentimos en cada poro de nuestra piel y en cada minúsculo músculo de nuestro cuerpo. Parece que todas las pérdidas que hemos vivido en nuestra vida vengan de repente todas otra vez encima. Recordamos cada vez que nos han abandonado y cada fallecimiento que hemos tenido en nuestro entorno.

 

Sentimos que nadie nos entiende, no queremos levantarnos de la cama, el día a día cuesta mucho más, todo nos recuerda a la persona amada, el sentimiento de abandono nos pesa, nos aislamos, y para protegernos nos escondemos del mundanal ruido social entre cualquier cama, cualquier sofá...a veces incluso entre las piernas de cualquier desconocido/a, cualquier copa whisky y por qué no...cualquier calada de algo que nos haga morir lentamente.

 

A veces aparece un abismo de luz por la ventana, nos hacemos eco de la luz, sacamos un poco la cabeza, pero el peso de la vida se pone en nuestras espaldas un día más. Intentamos dormir, como todos los días que llevamos de duelo, pero es la tarea más difícil que podemos hacer. Nuestra cabeza no para, ¿qué hemos hecho mal? ¿Por qué a mi? ¿Tendría que tal día haber ido con él/ella? ¿Debería tal día haberle escrito más mensajes o menos mensajes?

Aprovecho que mañana es el día 25, Día Internacional contra la violencia de género, para que crear un poco de conciencia sobre la violencia de género en personas con discapacidad / diversidad funcional.

Si ya de por si las mujeres sufrimos diferentes ataques, abusos, discriminaciones y vivimos en una situación de vulnerabilidad, imaginaros si además tuvierais algún tipo de discapacidad/diversidad funcional. Imaginad si además esa mujer afectada por la violencia de género tiene discapacidad visual leve o severa y no puede ver a la persona que abusa de ella, o que es una mujer con una gravedad auditiva o de habla y no puede escuchar lo que le dicen, ni puede hablar ni gritar para pedir ayuda. Las mujeres que sufren algún tipo de discapacidad aún son mucho más vulnerables que las mujeres que no sufren ningún tipo de diversidad funcional. No sólo sufren la violencia de género por las personas de su entorno familiar, sino también por el entorno institucional.

Antes de seguir adelante tenemos que hacer un inciso para ajustarnos a la realidad y solidarizarnos con los hombres afectados por discapacidades que también son víctimas de malos tratos, aunque seguramente no tantos como nosotras, sobre todo en el terreno de los abusos sexuales al no ser mujeres, pero que sufren la discriminación de que sus casos de maltratos físicos y psicológicos –que seguramente padecen en un grado aproximado al nuestro- no sean tan denunciados ni publicitados, algo que resulta evidente después de realizar búsquedas de información sobre el tema en Internet y haber encontrado escasas referencias de malos tratos hacia personas con discapacidad del sexo masculino.

Viernes por la mañana nos despertamos con la noticia de una joven desaparecida desde el miércoles, en la provincia de Valencia. Otra desaparición más, no es la primera ni tampoco va a ser la última. Hace un mes el coordinador de la fundación “SOS desaparecidos”, daba a conocer unas cifras bastante escalofriantes, 1600 casos de desapariciones en lo que llevábamos de año. Unas 6 desapariciones cada día en España.

Me toca la desaparición de Vanessa Ferrer de 15 años de edad, una chica de “la meua terreta”. Mis amig@s cercan@s a la localidad de Chella se hacen eco de esta desaparición y las redes sociales se llena de titulares y fotos de la joven. La gente está conmovida. Todos los dispositivos están en marcha buscando a la joven en su pueblo y en todos los alrededores. Cada pista es decisiva para saber que es lo que le ha podido ocurrir a Vanessa. Desde el miércoles por la noche que había ido con unos amigos al cine a una localidad cercana, ya no se sabía nada de ella. Esa noche ya no durmió en casa, y la madre, el jueves por la tarde denunció su desaparición. 

Miércoles, 21 Septiembre 2016 11:37

Relaciones de pareja

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Viernes por la tarde, nos reunimos tres amigas, cada una con problemas en sus relaciones de pareja. Tres relaciones diferentes, una amiga con una relación abierta, otra amiga una relación formalizada entre su pareja y sus respectivos entornos, y otra pareja aún en proceso de construcción y deconstrucción.

Esa semana había tenido en terapia dos relaciones de parejas, ambas con un eje común: reproches y enfados continuos. También un chico adolescente que presentaba síntomas de ansiedad porque no podía separarse de su pareja ni un segundo, con mucho miedo al abandono, mucha inseguridad. Y otra adolescente que dejaba de arreglarse, de maquillarse y de salir con las amigas porque su novio no la dejaba hacer estas cosas.

Con todo esto pensé que seria importante escribir esta entrada en mi blog. Me sorprende mucho encontrarme jóvenes con problemas serios en sus relaciones de pareja.

La primera cuestión que viene a mi mente es ¿qué estamos haciendo como sociedad para que nuestros muchachcas/os tengan ya problemas graves en las relaciones de pareja? ¿Qué les inculcamos sobre qué son las relaciones de pareja y cómo tienen que ser? Poco a poco vamos a ver de qué estamos hablando.

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